Menú Degustación

 
CRÍTICA

Jerónimo José Martín, COPE

En 2002, el barcelonés Roger Gual escribió y dirigió, con Julio D. Wallovits, la notable “Smoking Room”. Cuatro años después, confirmó sus cualidades como director y guionista en la tragicomedia coral “Remake”, donde planteó una lúcida crítica al relativismo moral de la generación de Mayo del 68. Ahora da continuidad a ese estilo y a esa reflexión en “Menú degustación”, otra tragicomedia coral, esta vez en torno a una cena memorable. Rodada en catalán, castellano e inglés, la película ha sido producida por Zentropa Spain —la filial española de la productora del cineasta danés Lars Von Trier—, y ha contado con el asesoramiento culinario del famoso chef Ferran Adrià.
 
Con un año de antelación, una joven pareja de Barcelona, Marc (Jan Cornet) y Raquel (Claudia Bassols), consiguen reservar una mesa en Chakula, uno de los mejores restaurantes del mundo, situado en la Costa Brava. Pero cuando llega el día esperado, ellos ya no están juntos. La reserva se ha convertido en una ocasión única, ya que el restaurante ha anunciado que cerrará sus puertas para siempre. Así que se unen a un grupo variopinto de privilegiados: la rica condesa D’Arcy (Fionnula Flanagan), que asiste con las cenizas de su marido; dos inversores japoneses (Togo Igawa y Akihiko Serikawa) con su tosca traductora (Marta Torné); un misterioso hombre irlandés (Stephen Rea), que podría ser crítico gastronómico; un prepotente editor estadounidense (Timothy Gibbs) y una pareja amiga suya (Molly Malcolm y Luka Peros)… Los atenderán a lo grande la famosa chef Mar (Vicenta N’Dongo) y su eficaz jefe de restaurante Max (Andrew Tarbet).

Como en sus anteriores películas, Gual ofrece una fluida y sustancial puesta en escena, un sugestivo acompañamiento musical —aquí, de Stephen McKeon— y unas sólidas interpretaciones, esta vez a cargo de un reparto internacional, en el que brillan con luz propia los veteranos Fionnula Flanagan y Stephen Rea. El problema es que el guion abarca mucho y aprieta poco, de modo que sólo mantiene el interés del espectador a través del intento de reconciliación de la joven pareja protagonista, sin duda, la mejor trama del filme. En ella, Gual deja una idea especialmente sabrosa frente al rampante individualismo de muchos personajes: “No hay nada más valioso que la libertad; pero puedes ser libre con alguien a tu lado”.

Desgraciadamente, las demás tramas no tienen esa hondura, recurren demasiado a arquetipos y sólo aportan algún chispazo dramático, algún golpe de humor —casi siempre, eficaz— o alguna intriga de escasa entidad. Por eso, aunque uno ve la película con agrado, sólo sintoniza con los personajes en contadas ocasiones y, desde luego, no se conmueve en el festivo desenlace capriano y solidario con la intensidad que seguramente pretendía Gual. En todo caso, queda una película por encima de la media, que esboza el camino a seguir para renovar la comedia española.

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